Educación superior y tecnologías: Ser, saber, hacer…

Presentación de Alejandro Batista

En esta breve intervención, la intención es compartir algunas reflexiones, preguntas y también  preocupaciones, a partir de la relación entre Educación Superior y Tecnologías.

A tono con la participación de Mario Bunge aquí en nuestra Universidad, tomamos prestado uno de sus títulos para enmarcar este recorrido: “Ser, saber, hacer…” que nos permitirá un trayecto de lo general a lo particular, ida y vuelta.

En el resumen ampliado, jugaba un poco con la idea de la “temporalidad” de la temática, es decir si hay que hablar en presente, en futuro o incluso en pasado. En este sentido, el “Ser”, la realidad general, nos muestra algunos datos que nos ubican en “presente”, interesante. Vemos que Facebook la Red Social más popular cuenta con 1300 millones de usuarios, que la mitad de ellos accede desde dispositivos móviles; que esos números en nuestro país, muestran 24 millones de usuarios, y 16 conectados de manera móvil; a ello podríamos sumar varios de cientos millones más en Twitter o Youtube, etc.

En un sentido más general  ello se condice con los datos del último Censo Nacional, con  más de 50 millones de celulares activos, con una penetración de casi el 90%; o  16 millones de PC y 8 millones de notebooks, una presencia en 1 de cada dos hogares argentinos.

Por su parte, si posamos la mirada en la Universidad, tenemos que comprende una comunidad de unas 120 mil personas entre estudiantes y docentes.[2]

Cuando cruzamos estos planos, y lo completamos con el perfil etario de los usuarios de Facebook, tenemos que tres cuartas partes (76%), corresponden precisamente al rango de edad que tienen nuestros estudiantes y docentes.[3]

Por lo tanto si tuviéramos que sacar alguna conclusión con lo hasta aquí expresado, probablemente nos veríamos entados a sostener que el proceso de aprendizaje en la Universidad seguramente hace un uso activo de la tecnología.

Sin embargo, si nos adentramos un poco más en contexto y recorremos la información disponible en las webs de las Facultades de la UNLP, observamos que solamente la mitad (53%) incluye algún entorno virtual de aprendizaje, algo menos, un 41%  cuenta con algún espacio en Facebook, aproximadamente un tercio (29%) utiliza Twitter y un  12% ofrece contenidos en Youtube.[4]

En este punto del razonamiento los “datos” comienzan a tomar otro significado, pero  además ya percibimos que no sólo se trata de un aspecto cuantitativo, sino fundamentalmente cualitativo, por ello es relevante el “Saber”, es decir cuánto sabemos de la tecnología a la hora de su utilización? Cómo podemos aprovecharlas?

En el caso de nuestra Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales por ejemplo, la mirada cuantitativa arroja un total de 396 Aulas Virtuales  habilitadas en la Plataforma de Cátedras Virtuales.[5]

Claro que si nos asomamos un poco a esas Aulas, vamos a observar un uso algo modesto, en muchos casos contienen documentos colgados en formato Word y PDF,  otras incluyen algunos enlaces, y muchas, son espacios vacíos que únicamente cuentan con el Programa o la Bibliografía.

De hecho podemos comparar esas Aulas, con esta otra “cátedra virtual”[6] y veremos que son muy similares, e incluso aquí encontramos más opciones: se ofrece una introducción, el Programa, una Guía de Estudio, Links de interés y un mail para contactos.

Pero si observamos bien esta página, fue actualizada por última vez en agosto de 2001. De hecho se trata de la primera cátedra virtual de la Facultad de Derecho, creada a fines del año 2000.

Pero entonces será que no ha pasado nada en estos 14 años?? 

Esa misma primera cátedra en línea versión 2014 hoy ya ubicada en Moodle, líneas de tiempo interactivas, etiquetas, videos, mapas mentales e imágenes interactivas sobre el pizarrón de la clase; pero claramente no es representativa del de la generalidad de la Facultad.[7]

Esto se explica porque el proceso de habilitación de las Aulas Virtuales se hizo de “oficio” por la Facultad con independencia de los Docentes y no hubo instancias posteriores de apoyo para su utilización, a pesar que el entonces Consejo Académico, en 2003 aprobó un Marco Normativo General para la oferta de cursos, seminarios y jornadas en modalidad virtual.

Esa idea se retomó brevemente a  fines de 2013 desde la Secretaría de Posgrado, con la propuesta de un Programa Digital de Posgrado PRODiP (actualmente navegando instancias administrativas) y como un producto concreto de ese Programa se diseñó un Curso de Capacitación de carácter autogestionado (de modo que cada Docente pudiera tomarlo en el momento y con los tiempos que decidiera), con dos Aulas Virtuales una de Teoría y otra para efectuar Actividades Prácticas.

Se analizó el panorama de las Aulas  para identificar aquellos docentes que mostraban en el Posgrado (y en Grado) algún interés y uso incipiente; y se los incluyó como destinatarios de este Curso (55 Docentes), se organizaron Módulos y Ejercicios, se envió material en formato ebook además de PDF, etc.

Pues bien, hubo algunas consultas, algún interés inicial, pero nuevamente los números nos devuelven a la realidad; según los registros de la Plataforma, más del 70% no ingresó nunca a las Aulas de Capacitación y el 25% lo hizo por última vez hace más de tres meses!!

Y estamos hablando de Aulas en la Plataforma Moodle que tiene más de 10 años de existencia!!

Naturalmente estamos lejos de poder encontrar experiencias que comprendan metodologías mas recientes como plantear un Entorno Personal de Aprendizaje (PLE), o del Aprendizaje Basado en Problemas (PBL), pensar en aprovechar los dispositivos móviles para el aprendizaje ubicuo, y menos aun imaginar el desarrollo de aplicaciones pensadas para integrarse al proceso de aprendizaje de la “generación App”, de volcar la experiencia lúdica al aprendizaje o de plantear contextos y formas muy diferentes como las que se ven hoy en los cursos MOOCs.

Y cómo es entonces que de ese contexto global favorable llegamos a este modesto escenario?

Por qué estudiantes y docentes habitualmente conectados, no pueden volcar esa experiencia al aula?

Como es que con nativos digitales y docentes con acceso a tecnología tenemos un proceso tan claramente analógico??

Hoy la neurociencia está efectuando aportes muy interesantes al respecto. Según parece en nuestro propio código biológico estamos programados para sobrevivir y ello incluía ahorrar energías, y nuestro cerebro es una gran máquina de ahorrar energía y por ello, apela invariablemente a lo que ya sabe, lo que ya conoce, aunque el contexto se haya modificado.

Cambiar, como dice Estanislao Bachrach, “le sale carísimo energéticamente hablando”. Y por ello, no ubicamos y permanecemos en nuestra Zona de Confort,[8] y si no hay algo que os obligue a salir, allí nos quedaremos. (BACHRACH, 2012)

También desde la neurociencia viene la idea del “trasvasamiento de habilidades y conocimientos”, esto es, si las habilidades que la sociedad de la información y la conectividad permanente (para bien o para mal según el autor que se tome), se trasladan de un espacio a otro. Y se ha comprobado que ese “efecto derrame” no existe o es mínimo (“transferencia estrecha”, en términos de los psicólogos cognitivos, por contraposición a la “transferencia amplia”).

De allí ese muro de cristal que separa el uso de las TIC en un  contexto y no en otro.

Pero la consecuencia directa de estos dos fenómenos hace que el efectivo aprovechamiento de las posibilidades que presentan las tecnologías esté ligado a la iniciativa individual, tanto de estudiantes como de docentes. Y en todo caso a la congruencia perfecta que se produce cuando se cruzan un docente creativo o innovador, con un estudiante curioso.

Pero lo más importante que tenemos que tener en cuenta es que esa situación lo que hace es consolidar diferencias, ampliar esa brecha que originalmente se llamó “brecha digital” mucho más ligada al “acceso” a la tecnología, pero que claramente es una “brecha cultural” basada en la capacidad o no de aprovechar esa tecnología a la que se accede.

La distancia y la diferencia entre unos y otros, puede llegar a ser uno de los grandes desafíos que la sociedad digital debe afrontar si es que no queremos reforzar aun más las desigualdades analógicas con otras digitales.

Es por eso que tenemos que “Hacer…” y hacer bastante desde la Universidad y desde el Claustro Docente.

Uno de los primeros pasos es reconocer que estamos ante un fenómeno que excede lo meramente instrumental. No se trata simplemente de una inclinación a incorporar herramientas TICs, ni tampoco de hacerlo como una mera variación de prácticas tradicionales, como sumar un cañón y elaborar atractivas presentaciones, si ello no va acompañado de una  verdadera estrategia que asuma impacto sustantivo, incluso cognitivo que la tecnología hoy tiene.

Y el “hacer” implica tomar una decisión importante y consiente de salir y romper esa zona de confort, para experimentar junto a los estudiantes, y de esa manera promover la lógica de “aprender a aprender”.

Pero, como señalamos, la responsabilidad del cambio no puede quedar en la dimensión individual, debe haber una política institucional muy clara; que se haga cargo de promover y reconocer la innovación porque la Universidad no puede ser el reservorio de prácticas y modalidades de aprendizaje y de trabajo que están volviéndose rápidamente obsoletas.

Pocos procesos como el educativo y pocos lugares como las Universidades deberían estar a la vanguardia de los conocimientos y novedades, y sin embargo ha de ser uno de los muy pocos ámbitos que pueden como hemos visto, atrasar doce años y seguir como si nada.

Vemos que la metodología de enseñanza sigue siendo en su concepción la misma que hace un siglo atrás. Parafraseando a Negroponte[9], que cita a Seymour Papert[10], podemos afirmar que si un cirujano del siglo XIX fuera transportado en el tiempo al presente, a un moderno quirófano, no podría reconocer prácticamente nada, no sabría qué hacer o cómo colaborar.  (NEGROPONTE, 1995)

Mientras que un Docente Universitario en la Facultad de Derecho del siglo XVII (algunos afirman que también mucho más atrás) podría, salvo detalles menores, dictar clases como su colega del siglo XXI.

Todo ello debería llevarnos a un profundo replanteo de las estrategias de aprendizaje de modo que la Universidad y la Universidad Pública en particular no resigne su rol de impulso al conocimiento y de posibilidades de progreso social.

La Plata, octubre de 2014.

Alejandro Batista

batista.alejandro@gmail.com

http://ar.linkedin.com/in/batista1088

http://re.vu/batista

 


[2] Datos que publica la Universidad en su web www.unlp.edu.ar

[3] Allí se ubican los usuarios de Facebook que van desde los 18 a los 54 años.

[4] Datos que surgen del relevamiento de la información pública que cada una de las Facultades de la UNLP, presenta en su respectivo sitioweb.

[7] Se puede acceder al Aula Virtual como “Invitado” y recorrerla en: http://campus.jursoc.unlp.edu.ar/course/view.php?id=199

[9] Nicholas Negroponte en “Ser Digital” 1995

[10] Seymour Papert (Pretoria, Sudáfrica, 29 de febrero de 1928) es un pionero de la inteligencia artificial, inventor del lenguaje de programación Logo en 1968. Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Seymour_Papert

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