La gestión académica de la modalidad a distancia en tiempos de pandemia. Algunas miradas desde la experiencia en UNER

Lic. María Laura Rodríguez
Coord. Área de Educación a Distancia, Secretaría Académica, Rectorado y del
Sistema Institucional de Educación a Distancia de UNER
marialaura.rodriguez@uner.edu.ar
Octubre 2020

Como en todos los órdenes y actividades, en las Instituciones de Educación Superior con una estructura y una lógica organizativa presencial (y/o con un incipiente avance en propuestas académicas virtuales), la situación de pandemia nos encontró de imprevisto, nadie imaginó o pensó enseñar en un contexto así. Esto significó enormes esfuerzos desde la gestión para pensar de la noche a la mañana cómo asegurar un derecho fundamental,  la continuidad de las actividades académicas que la universidad tenía previstas.

Nos enfrentamos a enormes desafíos, desde lo normativo, tener que adaptar/repensar todos los procedimientos, optar por algunas estrategias, un reglamento lo suficientemente amplio que no repercuta en las normativas que cada unidad académica ya tenía y que permita realizar las adecuaciones en contexto.

Lograr ese desafío no fue sencillo, fue producto de idas y vueltas, de acuerdos que partían de la necesidad de asegurar ese derecho y desde allí y en todos los niveles de la gestión, la política fue avanzar, asegurar calidad, flexibilizar normativas, atender necesidades de los estudiantes, entrar en un proceso de virtualización urgente que permita el seguimiento de la cursada.

A quienes esta pandemia ha encontrado en una posición de gestión (independientemente del área o campo de acción) ha pasado por esto: primero tuvo que intentar comprender cómo seguir, tomar decisiones urgentes en contextos de incertidumbre, y más allá, cuando hubo una “aparente normalización” también esta realidad exigió propuestas complementarias, alternativas para continuar ese proceso académico. La modalidad en este contexto impensado, de repente se sentó en el centro de la mesa. Desde el acuerdo institucional que se logró con la aprobación del Sistema Institucional de Educación a Distancia mediante la Resolución C.S. 15/2018,  no había ocurrido una fuerte e imperiosa necesidad de tener que vérselas con la virtualidad en todos los niveles pregrado, grado y posgrado. Súbitamente, los equipos de gestión y los distintos Programas/Áreas de educación a distancia nos vimos envueltos en un sinfín de tareas que se dieron todas al mismo tiempo sin cesar: diseñar estrategias de formación para “auxiliar” a quienes se sintieron así, en lo inmediato habilitar aulas virtuales, llegar a los equipos docentes que nunca habían tenido alguna experiencia con la modalidad, fortalecer la formación en cuestiones pedagógicas y tecnológicas y el asesoramiento a aquellos que requerían para continuar, un poco más allá pensar políticas de acompañamiento y apoyo.  Y aquí hay que decirlo, los saberes y estrategias de la modalidad de educación a distancia en gran medida fueron vitales para acompañar esos primeros esfuerzos por virtualizar. Se sabe que la modalidad nos plantea propuestas de enseñanza distintas, con diseños curriculares que ponen en juego sistemas diferentes  (coordinación, tutorías, materiales/contenidos, comunicación y seguimiento, evaluación, soporte tecnológico) que parten de una adecuada previsión y planificación de todos y cada uno de los aspectos que hacen al proceso de enseñanza y aprendizaje, con presencia en muchos casos de equipos interdisciplinarios para la producción de materiales. Ahora bien, lo cierto es que su principio más básico y fundamental de la especificidad, su gran preocupación por ponerse en el lugar del “otro” a quién no tengo cerca físicamente para enseñar y lograr que pueda aprender, permitió continuar; y por eso es necesario ubicarla en un lugar de reconocimiento. Todo lo que sigue deriva en un despliegue de estrategias por comunicar en diferido, por explicar de otra manera los procedimientos, prestar atención a las consignas “como digo de la mejor manera lo que quiero que hagan, cómo me hago entender, cómo diversificar actividades para que puedan cumplir de una manera u otra los objetivos, cómo generar espacios de consulta por distintos canales, cómo enseñar por distintos medios teniendo en cuenta sus dificultades para “conectar/llegar” a la clase entonces pensamos en clases en vivo, clases grabadas, clases en clave invertida, micro clases de un tema, un audio para aclar un concepto puntual o consigna, cómo brindar un adecuado seguimiento a los estudiantes para que se sintieran acompañados. La lista podría seguir, muchas estrategias se desplegaron desde la virtualidad en la preocupación por comunicarse con ese “otro”/estudiante, que sostenemos deberían estar más presentes en la lógica presencial, en el día a día, pero emergieron desde la impronta de la “distancia”.

La experiencia en UNER

Para dimensionar el encuadre,  la UNER cuenta con 22.045 estudiantes y ofrece más de 40 carreras entre el pregrado, grado y posgrado con 9 facultades distribuidas en toda la provincia de Entre Ríos, de las cuales sólo 7 se ofrecen de manera virtual, las demás se dictan de manera presencial.  Desde este plano, la gestión se abocó a pensar la comunidad académica de manera integral pero atendiendo las necesidades específicas de cada grupo. A continuación se detalla muy brevemente parte de estas estrategias de gestión.

Docentes

Desde la perspectiva de los docentes, preguntarse por lo que necesitan en este contexto fue crucial para desplegar los dispositivos que atiendan a esas preguntas. Adoptaron distintas formas desde charlas masivas vía streaming hasta asesoramiento personalizado pero todas tuvieron el mismo espíritu, lograr que la propuesta se virtualice y que la enseñanza remota se asegure en su máxima expresión, con las posibilidades que cada uno tuviera. En el caso de UNER, hubo cambios de estrategias a medida que se fue encontrando el modo de llegar a los docentes, diversas propuestas de formación se llevaron adelante desde las propias unidades académicas quienes las pensaron acorde a las necesidades de sus carreras y perfiles de estudiantes, y otras se complementaron con la gestión a nivel central como el “Programa de Fortalecimiento a las Áreas de educación a distancia” (Resolución 188/20) en el primer cuatrimestre permitiendo sumar más recursos humanos que colaboren en la formación y asesoramiento docente, o el “Programa de acompañamiento a la educación virtual” (Resolución 340/20) en el segundo cuatrimestre. Este último convocó a equipos docentes que necesiten asesoramiento y colaboración para la puesta en línea del proceso de virtualización, estrategias para pensar actividades, mejorar los materiales de estudio, las clases virtuales y la evaluación. El Programa (aún vigente) plantea una articulación en tres líneas de abordaje: a) asesoramiento personalizado dentro del aula virtual a 250 asignaturas, b) banco de recursos didácticos y técnicos disponibles para la docencia en la virtualidad, y c) un ciclo de charlas abiertas con temáticas afines a las necesidades de los docentes para enseñar en la virtualidad.

Estudiantes

Desde la mirada de los estudiantes, la preocupación pasó por saber cómo y de qué manera se conectaban con el sistema en marcha y estudiaban a distancia. En  este  marco  nuestra  casa  de  estudios  encara  la  realización  de  un  relevamiento diagnóstico destinado a la totalidad de los inscriptos y reinscriptos al ciclo lectivo con la finalidad de identificar el contexto de estudio a distancia y el nivel de acceso de los estudiantes de modo de advertir necesidades y actuar en consecuencia para responder eficazmente, asegurando la mayor continuidad y permanencia posible del estudiantado de la UNER.

Los datos analizados a partir del “Informe general del Relevamiento de estado de situación sobre el estudio a distancia de la UNER” (abril-mayo 2020), de un total de 2258 estudiantes encuestados el 95% tenía disponible su materia virtualizada; que el 78% accede a los estudios desde el celular, el 56% lo hace desde una Notebook, el 23% desde la PC de escritorio y en menor medida desde netbooks o tables con el 18% y 2% respectivamente.

A través de los estudiantes, se pudo advertir que el rol docente se configuró desde otro lugar en este contexto. Los mismos manifestaron sentirse acompañados por los docentes, porque no sólo adaptaron en un breve lapso la virtualidad a sus “lógicas presenciales” continuando con las clases por videoconferencias o clases grabadas expositivas, sino que manifestaron interés por orientarlos de otro modo desde la preocupación por cómo accedían al estudio, buscando diversificar los canales de comunicación y consulta contemplando la realidad de los estudiantes, temas de conectividad, acceso a materiales, etc. En este sentido de acuerdo al estudio, anteriormente citado, en relación a la variable “Percepción sobre la orientación docente para el estudio a distancia” el 71% de los/as estudiantes reconoció recibir orientación docente para organizar o facilitar  el  estudio  a  distancia  (el  58%  manifestó  estar  moderadamente  orientado, mientras que el 13% restante muy orientado). Por su parte, el 25% plantea estar poco orientado y el 3% que no percibe ningún tipo de orientación.

En tanto en la variable “medios que emplea el docente para comunicarse” los estudiantes manifestaron que  el 91% lo hace a través del Campus Virtual, el 68% se produce en la clase en vivo, el 57% expresa que el correo electrónico que es otro medio utilizado. En menor medida, se utiliza el Whatsapp con el 22%, el 9% por Facebook y el restante 3% manifiesta que utilizan otros medios de comunicación.

Partiendo de las necesidades de conexión que manifestó el 2% de los estudiantes y el 14% expresó tener dispositivos poco adecuados, se implementó el “Programa UNER Conect@” otorgando módem y chip para estar conectados con la actividad académica, y en algunos casos préstamos de máquinas o envío de material impreso a sus domicilios.

Para acompañar a la distancia a los estudiantes y atender a las dificultades señaladas para encontrar estrategias de estudio a la distancia, el  55% coincide en que requiere orientación para organizarse con el tiempo para estudiar a distancia y el 29% orientaciones sobre otras herramientas y aplicaciones, cada unidad académica estableció mecanismos de comunicación y ayuda específicos (videotutoriales, comunicaciones directas, estrategias diversas de acompañamiento desde las asignaturas) y desde la gestión a nivel central se estableció también el Programa de “Tutores pares a la virtualidad” -aprobado por Resolución N° 114/18-, el cual contó con la herramienta necesaria para acompañar a los estudiantes en este proceso formativo, poniendo a disposición 100 tutores pares durante todo el ciclo lectivo para acompañar el trayecto académico de los estudiantes. La experiencia aún en vigencia, está demostrando ser muy efectiva hasta el momento. De informes y evaluaciones realizadas en proceso en UNER los estudiantes manifestaron sentirse en gran medida acompañados en este contexto.

Aspirantes 

Avanzado el año también se tornó estratégico repensar a los futuros ingresantes atravesados por esta incertidumbre, privados de sus principales actividades de cierre. Si bien en UNER ya teníamos la experiencia de trabajar en el Curso de Ambientación a la Vida Universitaria – CAVU, previo al inicio de cada año académico de manera virtual en sus módulos disciplinares y dos módulos generales que se dictaban de manera presencial,  había que pensar otras estrategias, que anticipen al CAVU y que los acerquen a esa propuesta en el camino final de la secundaria. En este sentido se generó el Programa de Acompañamiento hacia la Universidad, denominado PAU -Resolución 411/20-. Este programa invitó a través del Consejo General de Educación de la provincia de Entre Ríos, entre otros actores y medios, a todos los aspirantes a seguir un camino universitario a través de una propuesta concreta, brindando así algunas certezas que les permitan configurar la continuidad de los estudios, aun en este contexto de incertidumbre. Entre su estructura se plantearon módulos que ayuden a los estudiantes a definir su carrera universitaria, un acercamiento a la lectura y la escritura en la universidad, en la línea de la alfabetización digital, aprender con TIC, un espacio para pensar en las competencias necesarias para desarrollarse como estudiante en la virtualidad, para finalizar con una galería de carreras y servicios junto a módulos disciplinares de repaso que los prepare para encarar la articulación con el CAVU virtual, el cual a su vez funciona como puente para el primer año.

Gestión académica y equipos técnicos

Desde la gestión, fue sumamente importante lograr acuerdos en sucesivas reuniones con secretarios académicos y equipos técnicos, donde la modalidad estaba presente, brindando soluciones a los problemas que iban sucediendo en el proceso de virtualización. Había entonces que adaptar/pensar con cierta flexibilidad marcos regulatorios para dar cuenta de todos los procedimientos académicos. En el caso de UNER, esa normativa fue la Resolución del Rector 148/2020 en adhesión a la emergencia sanitaria nacional, normativa desde la cual se desplegaron distintas estrategias orientadas a garantizar la continuidad pedagógica a través de la modalidad a distancia y a adecuar transitoriamente la gestión académica-administrativa de los regímenes de ingreso, cursado y evaluación en la universidad. Así, la institución en su conjunto, estudiantes, docentes e integrantes de distintas áreas de las Secretarías Académicas, de Educación a Distancia y TICs del Rectorado y de las Unidades Académicas, articularon esfuerzos  significativos para garantizar el derecho a la educación y la calidad académica y para brindar certezas sobre derechos y obligaciones.

A partir de ese marco normativo común, se fue avanzando hacia otras normativas que reglamentan las actividades académicas necesarias para continuar, involucrando procesos de gestión colaborativa en la toma de decisiones y compartiendo resoluciones de experiencias más específicas.

En medio del proceso, la gestión contempló la posibilidad de autoevaluarse organizando el “Taller Balance del proceso de virtualización” de cara al segundo cuatrimestre con el propósito de revisar experiencias y procedimientos, encontrar evidencias de buenas prácticas y estrategias comunes para seguir aprendiendo/mejorando las políticas.

A modo de cierre

De la experiencia de 8 meses del Área de educación a distancia de la UNER en este contexto excepcional surgen algunas miradas respecto a cómo enfocar o dónde reforzar la gestión de la modalidad, asumiendo que las recetas no se aplican a todos los contextos institucionales de igual manera y a sabiendas que la virtualidad no reemplaza la presencialidad, en tanto son lógicas que más que competir deben coexistir,  pensarse de manera complementarias.

  1. Salinas, entres otros autores, ya en 2002 sostenía que “la sociedad demanda sistemas educativos más flexibles y accesibles, menos costosos y a los que puedan incorporarse los ciudadanos a lo largo de la vida, y para responder a estos desafíos tanto las instituciones existentes, como las que están naciendo ex profeso deben revisar sus referentes actuales y promover experiencias innovadoras en los procesos de enseñanza-aprendizaje apoyados en las TIC. Y el énfasis debe hacerse en la docencia, en los cambios de estrategias didácticas de los profesores, en los sistemas de comunicación y distribución de los materiales de aprendizaje, en lugar de enfatizar la disponibilidad y las potencialidades de las tecnologías.”

En esta línea que sostiene que los sistemas deben ser más flexibles y accesibles mencionamos las siguientes sugerencias o proposiciones:

  1. Abrazar a la modalidad con políticas concretas para lograr su desarrollo y consolidación, superando las barreras institucionales que no visibilizan los alcances ni los conocimientos tecnopedagógicos necesarios que contribuyan en ese sentido.
  2. Que el “aula virtual” no suponga sólo un espacio para “subir materiales” desde la lógica presencial, sino que debe ser un espacio significativo desde el cual se contribuya a la propuesta, que potencialmente se podrá pensar en clave virtual o bimodal para que el estudiante pueda optar (ya en otro contexto) por la opción que mejor se adapte a sus necesidades.
  3. Cualquier propuesta con intencionalidad educativa debe contemplar las necesidades y contextos de los estudiantes, más aún en contextos complejos como éstos.
  4. Para innovar es necesario que los recursos humanos que gestionan y enseñan sigan formándose. Es fundamental invertir en la formación de los equipos técnicos y docentes para enriquecer y potenciar las prácticas favoreciendo mejores procesos de enseñanza y de aprendizaje. Especial atención merecen temas como la producción diversificada de contenidos, la comunicación y el seguimiento, procesos creativos para evaluación en proceso y acreditación de saberes, múltiples estrategias para pensar los formatos de la clase, actividades significativas que activen la creación de conocimiento y el aprender con otros, también desde el juego, desde el humor, desde el disfrute por encontrarle el sentido coherente y necesario en el marco de la formación.
  5. Que el ingreso a la universidad sea motivo de reflexión considerando la dimensión tecnopedagógica en la configuración de las propuestas para optimizar el vínculo con los estudiantes, diversificando los contenidos, la comunicación, las ayudas y los formatos de ingreso de modo de acompañarlos en ese trayecto complejo que supone el comienzo de un estudio universitario.
  6. Que el posgrado dialogue con la modalidad pensando estrategias híbridas en bimodalidad. Al menos en Argentina los posgrados en un gran porcentaje están atravesados por lógicas de presencialidad intensiva lo que dificulta la participación en la cursada, sobre todo de aquellos que no viven cerca de los grandes centros.
  7. La evaluación merece una reflexión específica para establecer estrategias de seguimiento continuo, en proceso o de manera sumativa. Es cierto que debe asegurar confiabilidad, validez y objetividad, y es importante analizar cada recurso tecnológico que se despliega como soporte del proceso, pero fundamentalmente merece una profunda reflexión desde lo pedagógico para asegurar calidad del proceso intrínsecamente.
  8. La instancia de defensa de trabajos y tesis finales merece ofrecerse en las dos modalidades, de modo que el estudiante pueda optar por la que más le convenga.
  9. Diversificar la divulgación de conocimientos y democratizar el acceso de quienes necesitan formarse de manera continua al pensar en eventos, seminarios, cursos y congresos virtuales/bimodales.
  10. Movilidad virtual para generar experiencias de intercambio virtual en otras universidades para enriquecer el currículum del estudiante y del docente.
  11. Reuniones de gestión y coordinación académica virtuales, está demostrado que funcionan y optimizan las decisiones conjuntas.
  12. Invertir en tecnologías entendidas como infraestructuras o medios de acceso al  conocimiento en esta sociedad- red o sociedad de la información, al decir de Manuel Castell. Sin conectividad y sin fierros la brecha digital, cognitiva y cultural se acrecienta.
  13. Fortalecer la participación en espacios de debates en distintas redes y asociaciones porque enriquecen a quienes participan con el saber y las experiencias compartidas. Necesitamos aprender de otros y con otros, ver qué funciona y qué no, socializar y aprender colaborativamente.
  14. En definitiva, se necesita una fuerte implicación politica institucional a nivel de la estructura académico-administrativa a fin de acompañar las estrategias de educación flexible para la enseñanza universitaria.

Entendemos que son grandes desafíos que nos deben seguir interpelando a quienes trabajamos en gestión, y más especialmente en la modalidad a distancia en contextos sumamente difíciles como el que estamos viviendo. No hay dudas que esta situación está interpelando a las IES de otro modo  y que la dimensión virtual está dejando huellas, “hábitus”, modos de hacer las cosas  tanto en las curriculas pensadas con el peso y la estructura de la presencialidad como en los espacios de gestión. Citando a Axel Rivas en su documento “Pedagogía de la excepción, ¿cómo educar en la pandemia?”, nos resulta interesante pensar que “saldremos más reflexivos y podremos, ojalá pronto, balancear qué funciona realmente del viejo orden y qué podremos cambiar que valga la pena”. Mientras tanto, seguiremos trabajando y apostando por la educación pública aún en estos tiempos de “excepción” e incertidumbre.

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