Vivir en red: Tecnologías, sociedad y educación – 2da Parte

Artículo de la Dra. Alicia Villa(1)

García Canclini (2005) señalaba hace unos años la forma compulsiva en que a las nuevas generaciones se les interpela como consumidores hacendosos dentro de un mundo globalizado. Un mundo de tentaciones se despliega ante ellas dejando la huella del mercado como frontera entre quienes podrán o no cumplir realidad los sueños de acceder. Los consumos tecnológico no quedan fuera, es más, la proliferación de la tecnología celular, la informática los “play home” son una suerte de fetiche privilegiado en la colección de bienes consumibles que no incluye a todos.

Así, el presente y el futuro de los jóvenes en general se configuran en un contexto de desigualdad de acceso, donde una diferencia central pasa por los modos en que ellos se conectan o quedan desconectadas según aprendan a presentar sus preguntas y demandas del modo adecuado en los nuevos escenarios.

Entre los jóvenes, los usos sociales de la tecnología son diversos y están socialmente segmentados, tanto en lo referente a su consumo como a su apropiación. Ellos viven los espacios que ofrece Internet con una fuerte impronta generacional. Si bien cada vez más adultos se conectan y navegan, en los jóvenes se observa una cierta comodidad, un estar-en-casa en la forma en que recorren el ciberespacio que refiere directamente a la tecnología digital, un saber-hacer que los junta pero que al mismo tiempo los separa del mundo de los adultos. Mientras los estos se acercan a la tecnología digital como herramienta o instrumento, cada vez más jóvenes viven el mundo digital como entorno, como ambiente y sostén cultural. Las tecnologías les ofrece un terreno nativo para el desarrollo de sus capacidades de abstracción, técnicas y creativas ya que se trata de una herramienta con fuerte poder subjetivizante e impacto en la socialización (Ballardini, 2003).

En esta nueva relación de paridad con la tecnología, los jóvenes reconfiguran el lugar de los saberes y sus poseedores, lo que invierte las relaciones de autoridad respecto de los adultos (entre ellos sus profesores). Las nuevas tecnologías abren campos no imaginados al tiempo que alientan la curiosidad, la investigación y la innovación. Pensar las relaciones que los jóvenes establecen con ellas supone instalar una reflexión permanente, en la medida de lo aceleradamente mudable del cuadro tecnológico.

Los videojuegos, el chat, los mensajes de texto, la hipermedia son metáforas de una  instantaneidad y la velocidad sin límite donde devienen nuevas nociones de tiempo y de espacio. Esto delimita nuevos procesos cognitivos para organizar y construir el mundo: intervención multilineal, redes, nexos, nodos frente a centro, periferia, jerarquía y linealidad o secuenciación discursiva. Surge así una nueva brecha que diferencia a aquellos socializados por dentro y por fuera de su entorno. Los adolescentes y jóvenes conectados están en relación con una nueva y poderosísima agencia socializadora que tendrá fuertes impactos en la constitución de la/s subjetividad/es (Goodson, 2002; Turkle, 1994).

Las relaciones pedagógicas que se construyan mediadas por tecnologías por tanto, no pueden desconocer el sustrato singular sobre el que se asientan estas nuevas formas de acceder al conocimiento y a las culturas. Una pedagogía de la tecnología educativa no puede limitarse solo a debatir el alcance y calidad de los entornos, los problemas de la conectividad o de los mejores recursos didácticos y tutoriales. Debiera poder incluirse en la discusión, los modos en que se están desarrollando nuevas y novedosas formas de apropiación cognitiva, nuevos usos e interpretaciones del lenguaje, nuevas escrituras que determinan no sólo las formas de circulación del conocimiento sino, sobre todo, la constitución de nuevos y originales mecanismos de subjetivación que forjan nuevas identidades, visiones y comprensiones de la realidad.

Pero estos cambios no son privativos del mundo juvenil. Cada vez más, la noción de “formación permanente”, de aprendizaje a lo largo de la vida incorpora las nuevas tecnologías como vector de enseñanza y capacitación en el mundo del trabajo, por ejemplo. Los profesores no quedan fuera de esta incorporación, no solo en función de su propia actualización sino además como adultos responsables de mediar entre con los jóvenes entre el universo tecnológico y el universo simbólico complejo que representa hoy el capital cultural.

Docentes desconectados presentan serias resistencias y dificultades para enseñar incorporando nuevas tecnologías,  porque mas allá de haber sido formados en formatos pedagógicos diferentes, poco se ha avanzado en las construcción de dispositivos didácticos que tensionen la clase magistral y la palabra del docente como única herramienta de conocimiento. La máxima y más novedosa tecnología incorporada al aula ha sido sin duda el libro y su versión devaluada en la fotocopia, artefactos que se han convertido en locus y vehículo del conocimiento. Pero la realidad es que la información depositada en soportes tecnológicos, sin ánimo de reemplazar los libros, constituye ya una herramienta fundamental respecto de la circulación, democratización y horizontalización del conocimiento.

Una vez más, las estructuras culturales y sus agencias de socialización sufren mutaciones que impactan sobre los sujetos, jóvenes, adultos y sus intercambios generacionales. Los sistemas educativos no quedan exentos de esas mutaciones aunque queden suspendidos entre la adaptación complaciente y la resistencia.

Se impone entonces, repensar las relaciones con el conocimiento, las formas que usamos para su transmisión, la forma en que dicha transmisión afecta el saber y afecta los mecanismos de adquisición por parte de las nuevas generaciones, que terminan encontrando en internet y otros medios de comunicación una pantalla de acceso al mundo, sin mayores mediaciones humanas.

Entonces, mientras las políticas de comunicación y de infraestructura se ocupan de la conectividad, el alcance y acceso universal a las computadoras, es responsabilidad de las políticas educativas subvertir en las aulas y en las mentes las formas bancarias de transmisión de conocimiento y no porque ahora las tecnologías lo permitan sino porque hace años ya hemos comprendido que una enseñanza repetitiva, mecánica y memorista no ha hecho más que producir sujetos escindidos de la posibilidad de creación.

Hace tiempo (y ahora más que nunca) la información ya no necesita de nuestras cabezas para depositarse. Hoy, nos toca el desafío de inventar.

(1) Prof. y Lic. en Ciencias de la Educación, UNLP. Estudios de Maestría y Doctorado en Investigación Educativa y Ciencias Sociales en la UAHC/Chile y FLACSO/Argentina. Directora del Departamento de Ciencias de la Educación de la UNLP. Profesora Titular. Docente e investigadora en temas de sociología de la educación, jóvenes y desigualdades sociales.

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email

No hay comentarios aún... ¡Se el primero en dejar una respuesta!

Dejar un Comentario