Vivir en red: Tecnologías, sociedad y educación – 1a Parte

Artículo de la Prof. Alicia Villa(1)

Vivimos en un mundo de cambios acelerados, en una constatación inexorable sobre como los modos de vida, socialización e intercambio van impactando de diferente manera en la vida cotidiana. Existe coincidencia, en el plano de análisis sociológico, de cómo estos cambios  presentan una fuerte influencia en nuestras subjetividades. Nos referimos a cambios en el mundo del trabajo, en la ciudadanía política, en la mundialización de la cultura y en el uso extendido de las tecnologías de la información y la comunicación (Tedesco, 1995) las cuales implican nuevas formas vinculares y de intercambio que trascienden la escena académica.
Respecto de las tecnologías, en su Posdata a las sociedades de control, Deleuze plantea un sugestivo análisis sobre la sociedad informatizada. Para el autor, la proliferación de aquellas ha complejizado las relaciones entre poder y saber instaurando una nueva lógica de control sobre las personas. Las redes informáticas y los nuevos dispositivos tecnológicos, los celulares, las tarjetas de crédito, las contraseñas, nos tornan a todos y a todas visibles, ubicables en tiempo y  espacio. El disciplinamiento y la dominación se tornan así sutiles, imperceptibles bajo una sensación de libertad de consumo que no estaba presente en las sociedades de encierro. De esta manera, para el autor, al convertirse la conectividad en una necesidad, estamos más sujetos que nunca a las reglas del marketing, del consumo, de la dominación.
Al mismo tiempo, existe una complejidad similar en las relaciones entre los individuos y las instituciones y en las relaciones interpersonales. Respecto de las primeras, el debilitamiento de las instituciones del Estado, propia de la modernidad tardía, ha dejado a los individuos sujetos a relaciones sociales de mercado que han reconfigurado la vida en sociedad. Así, también las relaciones entre las personas se vuelven flexibles, fluctuantes, efímeras en las coordenadas virtuales que proponen las redes, promoviendo novedosas formas de sociabilidad como así también de corporalidad.
El carácter sólido, tangible, perceptible de las relaciones sociales de antaño se va sustituyendo por otras formas sutiles, indirectas, difícilmente identificables de poder y dominación. Por lo tanto, al ser mas impalpables las formas de control, será mucho más complejo vulnerarlas, resistirse.
No obstante, como dijera Foucault, donde hay poder hay resistencia. Por lo tanto podríamos imaginar nuevas formas, tal vez más intensas de resistir, de politicidad de los colectivos sociales, que incluso utilicen las mismas redes como un nuevo locus para el ejercicio de la democracia, para el uso de la palabra, para la protesta.
Los sucesos de Egipto a principio de año, y del Líbano posteriormente tuvieron a la red de redes como medio privilegiado de comunicación y de adhesión a los movimientos de democratización y cambio social. Los estudiantes chilenos impulsaron la movilización social desde sites, blogs y otros soportes tecnológicos, desde las novedosas marchas virtuales hasta los mensajes en red llamando a la resistencia.
Las rateadas masivas convocadas desde Facebook, los encuentros entre tribus urbanas, los cruces de palabras en Twiter, son todas manifestaciones de las formas en que las nuevas tecnologías han sido incorporadas a la protesta social, a la expresión de los malestares, donde la visibilidad y la conectividad se transforman en móviles de intercambio, de ideas y de realidades que se plasman en hechos tangibles. Pareciera que la red se vuelve un vector de contagio hacia nuevos sectores que encuentran en ella un lugar para la palabra, un uso positivo más allá de las formas de control y aún a pesar de ellas.
Ahora bien ¿Qué podemos pensar respecto, de las relaciones entre educación y tecnologías que venimos desarrollando? No es fácil. En la línea de autores que venimos siguiendo, las escuelas, la pedagogía misma han sido interpretadas como dispositivos de disciplinamiento y de reproducción social, desde quienes la ubican como aparatos ideológicos del Estado o como sistemas de distribución de la cultura elitista. Las relaciones entre educación y dominación simbólica han sido fuertemente estudiadas y documentadas, casi tanto como las formas de resistencia que el profesorado y el estudiantado han desarrollado desde la creación de los sistemas educativos.
Por esta razón, es muy posible que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación aplicadas a la educación, puedan ser calificadas como formas de penetración que invade las vidas más allá del espacio de las aulas, del tiempo escolar fáctico.
Pero inversamente, de la misma manera que la educación ha sido motor de lucha de amplios sectores respecto de su acceso y consolidación en la procura de ascenso social y democratización del sistema educativo, de la misma manera, el uso de las tecnologías en las aulas permite ampliar las fronteras de las mismas para que mayor cantidad de sujetos sociales accedan ese preciado bien social llamado “educación”, accedan al saber y al conocimiento en un momento histórico donde este representa el capital simbólico más preciado.
Las nuevas generaciones son sin duda las protagonistas de esta revolución protagonizada por las relaciones entre conocimiento y tecnología. Y de su incorporación en las aulas y en las escuelas, así como del mejoramiento de las condiciones de conectividad, dependerá también el futuro de una educación democrática y plena. Alfabetización social y tecnológica son parte de un nuevo desafío social para los educadores que interpela directamente a las nuevas generaciones. Pero ¿cómo se relacionan estas con las tecnologías? ¿Cómo imaginan los jóvenes las relaciones entre educación y tecnología? ¿De qué manera para ellos, las redes sociales implican nuevas matrices de socialización política como alguna vez lo fueron las escuelas? Sobre estos interrogantes, los llamamos a pensar en una próxima entrega. Por ahora, los invitamos a pensarse desde estas nuevas relaciones sociales, desde los encuentros, desencuentros, esperanzas que ellas nos alientan.

Alicia Villa

(1) Prof. y Lic. en Ciencias de la Educación, UNLP. Estudios de Maestría y Doctorado en Investigación Educativa y Ciencias Sociales en la UAHC/Chile y FLACSO/Argentina. Directora del Departamento de Ciencias de la Educación de la UNLP. Profesora Titular. Docente e investigadora en temas de sociología de la educación, jóvenes y desigualdades sociales.

 

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